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Francisco Cristancho C

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La vida del Maestro fue tan interesante como su obra. Desde muy niño demostró un interés natural por el arte de la música, dotado como estaba de oído absoluto por la Naturaleza y por haber crecido en un mundo físico y cultural donde estaba implícito ese quehacer estétetico como algo obvio, imprescindible para todo ser humano integral.

Tempranamente huérfano por la muerte de su padre, el coronel Belisario Cristancho, tuvo que asumir desde la edad de ocho años las riendas de su propia vida cuando fue enviado a Tunja, ciudad capital del Departamento, para seguir sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Boyacá, claustro donde se formaron muchas de las grandes personalidades de Colombia. Paralelamente, conformó un trío de tiple, guitarra y bandola, instrumento, este último en cuya ejecución fue un verdadero virtuoso. Tal agrupación de niños y su muy temprano ingreso a la Banda de Música del Departamento como platillero, le proveyeron del primer ejercicio profesional como músico y de unos ingresos que le permitieron sufragar parte de los gastos que demandaba su educación.

Al terminar su bachillerato, se enroló en el ejército para prestar su servicio militar obligatorio, siendo destinado a la Banda de su batallón, primero como platillero y, después, como bombardino, instrumento que aprendió a ejecutar solo. Y con la banda viajó a Flandes (Tolima) donde encontró otro clima, otros paisajes y una nueva música que llegaba al centro del país por el río Magdalena desde lejanas tierras, principalmente el jazz, el fox-trot, la música del Caribe y demás ritmos, que hasta ese momento desconocía por completo. También tuvo su encuentro con el cine, que fue una de sus grandes pasiones, mantenida a lo largo de toda su existencia.

 

Cuando salió del ejército, viajó a Bogotá con el propósito firme de estudiar a fondo las disciplinas que constituyen el saber musical y de iniciarse en el estudio del trombón como instrumento principal. Así, logró su ingreso al Conservatorio Nacional de Música, en 1922, empresa muy difícil de realizar si tenemos en cuenta que en la época esto constituía un verdadero sueño, inalcanzable para los jóvenes de provincia. Y como no era un joven conformista, paralelamente cumplió su intención de interpretar música popular colombiana en una agrupación seria e innovadora: la Estudiantina de Pedro Morales Pino.

Su rendimiento en el Conservatorio hizo que, en 1924, a la edad de 19 años, fuese llamado para hacer parte de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio como Trombón principal. Poco tiempo después fue primer trombón solista y primer barítono solista de la Banda Sinfónica de la Policía. 

Fue por esta misma época cuando, por insinuación del Maestro Morales Pino, hizo públicas sus primeras composiciones, una de las cuales apareció en la revista “Mundo al Día”, de Bogotá.

Su gran actividad musical y su calidad interpretativa hicieron que el Gobierno Nacional le enviara, en 1929, junto con Emilio Murillo y Alejandro Wills, a representar a Colombia en la Exposición Universal de Sevilla, España, donde fueron escuchados por grandes personalidades del Gobierno español, y por músicos europeos de gran valía. Al terminar la Feria, Francisco Cristancho decidió quedarse en Europa para proseguir su aprendizaje de las nuevas tendencias que estaban en auge en el Viejo Continente.  Entre 1929 y 1937, recorrió Europa como integrante de importantes orquesta, como las de Harry Fleming, la de Andrés Moltó y la de Marek Weber, en cabarets tan lujosos como el Casablanca, el Maipú, el Gong, el Lido y el Alcázar. Después de una gira, resolvió quedarse en España actuando en la ciudad de San Sebastián.

Pero la Guerra Civil Española estalló y, fiel a sus principios, se alistó en las filas republicanas, donde prestó invaluables servicios, en especial el de transportar clandestinamente a niños, mujeres y ancianos hacia Francia, venciendo grandes peligros y dificultades.

En 1937 decidió regresar a Colombia, pues se consideraba maduro para luchar en su país por el progreso de lo que más amaba: la Música. Traía, además, ideas acerca de lo que debía ser una sociedad justa. Así, fundó la “Orquesta Universal” que, con gran éxito y bajo su batuta logró gran aceptación en la sociedad bogotana; más tarde creó la Orquesta Sudamérica. De la fusión de ellas, surgió la Orquesta Ritmo que hizo las delicias de las salas de baile de los elegantes hoteles Granada y Embajador, de Bogotá. En 1939, creó la Orquesta Francisco Cristancho, a la vez que ingresaba como barítono solista y bombardino de la Banda Nacional.

En 1940, encontró el amor de su vida en Sofía Hernández, muy conocida por su belleza e inteligencia, excelente declamadora y una de las primeras actrices del cine colombiano. Con ella contrajo matrimonio, y su primer hijo, Francisco, nació al año siguiente, cuando el Maestro ingresó a la Orquesta Sinfónica de Colombia, a la vez que fue designado como director artístico de la Emisora “La Voz de Colombia”.

 

 

 

Ninguno de sus amores le fue ingrato. El suyo por el cine, le fue retribuido, en 1943, con su participación, dirigiendo su propia orquesta, en la película colombiana Allá en el trapiche, de Roberto Saade.

Tres años después, en 1946, nació su segundo hijo, Mauricio. También la vida le retribuyó otro amor, pues sus dos hijos se dedicarían después y enteramente a la música.

Entre 1950 y 1961 realizó, junto con su familia completa, un viaje de difusión de la música nacional, que incluyó a Venezuela, Brasil, y Trinidad y Tobago. Formó un dúo, que tuvo gran fama internacional, con el indio Mussapere, un verdadero virtuoso de la guitarra, con quien se presentó en los más importantes escenarios. También, en su embajada musical, dirigió Bandas municipales y la Banda de la Marina de Río de Janeiro.

Después de este largo y fructífero periplo, regresó a Colombia, donde aplicó sus ideas de justicia social, colaborando con la creación de Sayco y del Sindicato Nacional de Músicos. Y apareció su faceta empresarial, con la creación de una empresa fonográfica, el Sello Colombia, que, a pesar de su esfuerzo y dedicación, no logró prosperar.

En 1961, el gobierno de Boyacá, le llamó para dirigir La Banda Departamental y con la ciudad de Tunja como sede principal, permaneció durante seis años. Pero el 16 de diciembre de 1968, mientras grababa el Himno del Partido Liberal, sufrió un accidente cerebral que lo disminuyó físicamente, aunque siguió creando música, esa música que todos reconocemos como suya por su particular forma y por su innovadora manera de mostrar el sentimiento nacional, aludiendo casi siempre a la simbología muisca en su denominación y en su alegre tristeza.

El Maestro Francisco Cristancho Camargo abandonó su cuerpo físico después de un segundo ataque cerebral, el día 9 de febrero de 1977. Sus obras, no muy cuantiosas pero de alta perfección formal, viven en todos y se incluyen con orgullo en los programas de concierto de música colombiana que, en la actualidad, se viste de frac y sube a los más respetados escenarios gracias al trabajo insigne de su autor.

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